Non-fiction

Lenguaje inclusivo

En Uruguay se está conversando hace un tiempo acerca del lenguaje inclusivo. Cualquiera que esté leyendo esto evidentemente habla español pero aunque sea para dar introducción al post voy a explicar qué es y cómo se utiliza.

En español, el plural es masculino si en el grupo hay componentes de ambos géneros. Si alguien quiere comunicar que un grupo está completo debe decir “estamos todos”, de la misma manera si el grupo está compuesto sólo por hombres o es mixto. Incluso si son 19 mujeres y un hombre, lo correcto es decir “todos”. Sólo se puede utilizar la forma femenina de las palabras si el grupo es únicamente mujeres. Esto es una regla arbitraria, como hay cientos y cientos en cualquier idioma. Español no tiene un género neutro (como el “it” en inglés, por ejemplo) entonces tiene que optar por uno de los dos disponibles. Se podría tener una discusión acerca de la historia política y social que llevó a utilizar el masculino pero eso no me interesa en este momento. A prior hay que seleccionar uno y da bastante lo mismo cuál.

Esa era mi actitud hasta hace poco. Español no tiene un género neutro, hay que elegir uno, el elegido fue el masculino, concentrémonos en otra cosa. Siempre pensé que esa era la interpretación más racional del tema y me sentía satisfecho. Cualquiera que opinara otra cosa seguro estaba sobre-analizando la situación.

La propuesta de lenguaje inclusivo consiste en utilizar la letra “e” como final de las palabras con género para identificar los casos en los que no hay un género definido. Por ejemplo, un hombre puede ser arquitecto, una mujer arquitecta pero si no sabemos el género de la persona sería arquitecte. Suena extraño, especialmente en oraciones completas: “estamos todes muy contentes de que fuimos promovides”. A ver, no es un cambio demasiado profundo y queda claro en qué situaciones hay que usarse. Habría que resolver algunas situaciones puntuales en las que el masculino termina con “a” (astronauta) o con e (presidente) pero son las menos.

La pregunta es por qué es importante este cambio, algo que me costó un poco entender hasta hace poco.

Estigma

Uruguay es un país muy conservador. Somos una población con un promedio de edad alto y no nos gusta mucho el cambio ni lo impredecible. Solemos mirar mal cuando alguien se viste muy colorido y todavía no aceptamos del todo las expresiones de amor homosexual en público. Es por eso que el tema del lenguaje inclusivo en general se discute ya con cierto estigma incorporado desde el principio. Sólo con mencionarlo ya lo pueden tildar a uno de feminista y en sentido derogatorio de la palabra. Incluso si alguien utiliza lenguaje inclusivo en una conversación casual, rápidamente aparecen comentarios desvirtuados como frases con todas las palabras terminadas en e aunque no corresponda.

Es por eso que no se suele discutir mucho, y menos con argumentos a favor, por lo menos en los grupos en los que yo frecuento. Estoy seguro de que hay grupos sociales en los que están de acuerdo con el lenguaje inclusivo y en los que se habla mucho, y ahí sí sin estigmas, pero esos grupos no representan la opinión de la sociedad en general y para que haya un cambio debería llegar hasta ahí.

Cambio de actitud

Entonces, ¿cómo llegué a la opinión que tengo ahora del tema? Durante mucho tiempo mantuve la idea que mencioné en la introducción: es una decisión arbitraria del idioma, no afecta a nadie “en la vida real”. Un grupo de gente sigue teniendo la misma distribución de género independientemente de cómo nos refiramos a él. Mi actitud cambió cuando entendí el concepto de representación.

Yo soy un hombre blanco, joven, heterosexual y apto físicamente. Todo el entretenimiento, multimedia, comunicación institucional, publicidad, videojuegos, etc. me habla a mí. Directamente. Yo soy siempre el héroe, el protagonista. Me cuesta mucho ponerme en el lugar de otras personas que no compartan esa realidad del mundo. Por ejemplo, digamos que yo fuera de piel negra. Eso significa que me costaría un poco más identificarme con el héroe en la mayoría de las películas o series. No vería al héroe en un espejo, vería a alguien que luce un poco distinto. El salto para entender que yo puedo ser esa persona es un poquito más largo, más complejo, menos evidente. La distancia aumentaría si fuera mujer. O tuviera alguna discapacidad. Y mucho más si fuera una mujer negra con discapacidad. Debe ser muy duro entender que uno es el héroe de su propia vida cuando no se ve reflejado en nada de lo que consume diariamente.

Es cierto que en la multimedia masiva esa tendencia está cambiando. Vemos cada vez más héroes y protagonistas no-hombres, no-blancos, no-heterosexuales pero la gran gran gran mayoría sigue siendo ese estándar de siempre. Yo siempre viví la vida con una actitud de que puedo hacer cualquier cosa. Es cierto, soy realmente muy afortunado de ser inteligente, tener aptitud física y cierta madurez emocional, lo que significa que lograr lo que me plantee tal vez me resulte un poco más sencillo que al promedio de la población. Pero sin duda el hecho de que durante toda mi vida fui el héroe y protagonista de todas las historias tuvo influencia en el concepto que tengo de mí mismo.

¿Qué tiene que ver con el lenguaje inclusivo?

Muchísimo, el lenguaje es una manera de representar. Tal vez no sea tan impactante como el póster de una película o la caja de un videojuego pero permea muchísimo más la vida diaria.

Si yo mañana tengo una hija, quiero que se entere que un grupe de abogades ganó un caso muy difícil, no un grupo de abogados que a priori no la incluye. Quiero que se sienta parte de los cientifiques del mundo cuando descubra un insecto con un color raro, quiero que sueñe con ser matemátique cuando entienda que dos octavos es igual a un cuarto. Quiero que viva a sangre propia que puede estar incluida en el avance de la humanidad y que no se sienta ajena ya desde el nombre.

Es por eso que me gusta mucho el lenguaje inclusivo. Porque quiero que mi futura hija sienta que puede lograr cualquier cosa y al tener nombre masculino esas cualquier cosas se el alejan, aunque sea un poquito.

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